
Hace un año constituimos la Sección Sindical con el objetivo de defender los derechos de la plantilla y construir un espacio de trabajo digno, democrático y coherente con los valores que la empresa proyecta públicamente. Un año después, la distancia entre el discurso y la realidad laboral sigue siendo insostenible.
Durante este tiempo hemos trasladado propuestas y reivindicaciones básicas: entrega de cuadrantes en los plazos establecidos por convenio, implantación de un sistema de fichaje transparente, adaptación de la Prevención de Riesgos Laborales a la actividad real del centro, entrega de nóminas pendientes, definición de funciones, promoción interna, control de las horas extraordinarias, planificación de actividades y eventos con la suficiente antelación y la puesta en marcha de un Protocolo frente a las Violencias Machistas, solicitado en numerosas ocasiones y todavía inexistente.
Mientras tanto, la plantilla continúa soportando jornadas de hasta 12 y 14 horas, cambios organizativos sin planificación, incumplimientos reiterados de derechos laborales básicos y situaciones de trato vejatorio por parte de responsables de la empresa.
Especialmente grave resulta la difusión de imágenes de la delegada sindical durante su jornada laboral y en el centro de trabajo, unos hechos que han derivado en la petición de una demanda contra Bertrand Ndongo, que la empresa ha desoído; y que constituyen un ataque intolerable a la libertad sindical y a quienes ejercen la representación de las personas trabajadoras.
No podemos aceptar que espacios que se reivindican como progresistas, feministas, transformadores o comprometidos con la justicia social mantengan puertas adentro dinámicas laborales que reproducen exactamente aquello que dicen combatir. No basta con discursos, campañas o posicionamientos públicos. Los derechos laborales, el feminismo y la democracia deben ejercerse también dentro de los centros de trabajo.
Un año después seguimos esperando respuestas. Seguimos esperando hechos. Porque la coherencia política no se mide por lo que se proclama desde un escenario o una red social, sino por cómo se trata a quienes sostienen cada día el proyecto con su trabajo.
La organización sindical no es el problema. El problema es que haya que organizarse para exigir derechos básicos en un espacio que presume de defenderlos.
Seguiremos organizadas, seguiremos denunciando y seguiremos luchando hasta que la dignidad laboral deje de ser una promesa y se convierta en una realidad.

